La trampa de la productividad de los podcasts es llenar los silencios, acompañar los traslados y otras actividades diarias con podcasts. En exceso esto nos satura de información, roba tiempo de reflexión y nos quita tiempo para escuchar música.

Esta competencia por el tiempo de escucha nos podría resultar en conocer menos música a quienes nos gusta.

Me estoy deshaciendo de algunos podcasts que sigo, que son varios y se publican cada semana la gran mayoría, para un total de entre siete u ocho programas de más de treinta minutos cada uno.

Tampoco es que mientras los escucho todos y cada uno, preferiría escuchar música, por ejemplo, en mi oficina, pero si durante los traslados voy a preferir la música porque planeo escuchar más en este año.